Se usa para decir que algo o alguien te tiene ya harto, saturado, que no aguantas más. Vamos, que estás hasta las narices o hasta la coronilla. También se oye como “estar hasta el gorro”. Muy de soltarlo cuando te dan la turra sin parar y ya solo te queda resoplar.
"Meca, entre el Juan con el parte del tiempo y el cuñao mandando audios eternos, me tienen hasta el gorro. Voy a por un culín y que siga la fiesta sin mí."