Se dice cuando alguien se pone a chismear con ganas, a tirar crítica y a sacar trapitos al sol en la plática. Es ese momento en que la conversación se vuelve sabrosa y medio venenosa, como comadres en la puerta con cafecito. No es precisamente elegante, pero para qué mentir, a veces hasta entretiene.
"Llegaron las comadres con su cafecito y, en lo que se calentaban las tortillas, ya estaban picando el ajo con el chisme del vecino y la prima que “anda rara”."