Se dice cuando alguien ya va pasadísimo de copas y anda como niño chiquito buscando consuelo, agua, cama o lo que sea para “revivir”. Es ese punto en el que ya no estás pisteando, estás sobreviviendo, tambaleándote y preguntando por tu sopita como si te fuera a curar el alma. Y sí, da risa verlo.
"Se aventó cinco chelas y dos tequilas y ya iba pidiendo sopita por la Quinta, abrazando un poste y jurando que encontraba su hotel “aquí cerquita”."