Expresión muy usada para hablar de la persona que se mete en una relación ajena, el o la amante que entra en puntitas para que no lo enganchen. Es como el ninja del chape prohibido, siempre al acecho y con coartada lista. Es medio turbio, pero hay que admitir que la frase tiene su encanto chismoso.
Se le dice al amante que entra a escondidas a la casa de alguien, normalmente cuando la pareja oficial no está. Va con la idea de moverse en silencio, sin hacer ruido, como si tuviera las patas forradas en lana. Es bien de chisme de barrio y suele usarse con burla o picardía.