En Táchira papearse es comer con ganas hasta quedar reventado, bien lleno y feliz, casi siempre con arepas, pastelitos, empanadas y toda esa artillería andina que no perdona cintura. Es como darse un banquete sin remordimientos, porque uno sabe que después viene la siesta gloriosa y, honestamente, vale totalmente la pena.

"Marico, anoche nos papeamos tan feo con las arepas de pernil de la tía que terminamos tirados en la sala viendo novelas y sin poder mover ni un dedo."

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