Se dice cuando alguien se cree más vivo que nadie, intenta pasarse de listo o hacer una trampita, y al final le toca comerse las consecuencias. Vamos, que la jugada le sale al revés y termina pagando por su propia gracia. Muy de pana para soltarlo cuando el karma llega rapidito.
"El chamo se coló en la fila del metro todo relajado, pero lo agarró el guardia y le metieron su multa. Ahí sí pagó la peguita, mi pana."