Se dice cuando andas bien desorientado, torpe o con la cabeza en otro lado y todo te sale al revés. Como si fueras un chamaco perdido buscando a quién le toca cuidarte. Sirve para describir esos días en los que no das una y vas en modo automático. Suena raro, pero tiene su encanto.
Se dice de ese domingo de bajón en casa, cuando no hay plan, no hay guita y tirás de sobras de la semana mientras maratoneás pelis viejas. Es como estar medio huérfano de vida social, rescatando cariño entre tuppers olvidados y cosas perdidas. Triste, sí, pero tiene su encanto.