Se usa para decir que alguien o algo no vale nada, que es malísimo, inútil o puro cuento. También aplica cuando te prometen maravillas y al final te venden humo. Es una forma bien colombiana de bajarle el ego a algo que salió chiviado o decepcionó duro. Y sí, suena más sabroso con arepa de por medio.
"Ese parlante que compraste en el centro no vale una arepa, parcero: lo prendí y sonó como radio mojada, y al otro día ya ni cargaba."