Expresión muy típica de los margariteños para mostrar asombro, sorpresa o hasta indignación, según el tono. Sirve tanto para algo buenísimo como para algo que te deja loco de la rabia. Es como un comodín emocional del oriente venezolano, y la verdad es que suena sabroso cuando lo sueltan con todo el acento insular.
Interjección bien venezolana, muy típica en el oriente, para soltar asombro, sorpresa o admiración. Sirve tanto para algo brutalmente bueno como para algo que te deja loco, tipo un ¡wow! caribeño. En Margarita se oye a cada rato y queda perfecta para reaccionar rápido, con sabor a playa y calor.