En Risaralda se le dice milagrero a la persona que vive esperando que todo se le arregle por arte de magia, pero no mueve un dedo. Siempre sueña con pegarse la gran vida con un premio, una herencia o cualquier cosa caída del cielo. Es ese personaje que habla mucho de futuro brillante, pero en la práctica no hace ni el más mínimo esfuerzo.
Se le dice a alguien que vive esperando el milagrito, como si los problemas se arreglaran solos y el trabajo se hiciera por arte de magia. Es un apodo medio en burla, medio en regaño, para el que aplaza todo y confía en la suerte más que en el esfuerzo. Suena muy de oficina, de casa y de parche.
Se le dice al que vive esperando que un milagro le arregle la vida, en vez de ponerse las pilas. Aplica para todo, desde pasar la materia sin estudiar hasta encontrar estacionamiento en el mero centro de Monterrey en hora pico. No siempre es mala onda, pero sí suena a fe con flojera.