Se dice cuando te tirás a dormir después de almorzar y la siesta se te va de las manos, tipo que desaparecés horas y volvés a la vida al atardecer. En Formosa, con ese calorcito pegajoso, es casi deporte nacional. Tiene tono de chicana cariñosa, como diciendo: dale, dejá de hibernar.
"Dale, loco, dejá el ventilador y levantate. Te mandaste una siesta formoseña y ahora querés caer a la oficina como si nada, ni el mate te rescata."