Se dice cuando ya estás harto de alguien o de una situación, pero harto de verdad, al punto de no aguantar ni un minuto más. Es como quedar empachado de chicharrón: al principio fino, pero llega un momento que te da hasta arrechera. Sirve para quejarte con humor y soltar el fastidio sin tanto drama.
Se usa cuando alguien se mete en líos innecesarios, se complica la vida por gusto o se carga de problemas que pudo evitar. Es como decir que se buscó el enredo solito, por terco o por confiado. Muy del Valle, muy sabrosa de decir, y la verdad es que describe perfecto a la gente que no aprende.