Se dice del que se casa o se empareja por interés, buscando pasta, herencia o una vida resuelta, más que por amor. Vamos, el típico que va de romántico pero en realidad está haciendo números. En Navarra suena a cachondeo fino, como llamarle cazafortunas sin ponerse intenso. Y sí, tiene su puntito.
"Mira al Juanito, que se ha ido de purrutero con la heredera y ahora presume de amor eterno, pero el que le brilla es el saldo de la cuenta."