Forma bien cariñosa y relajada de llamar a un amigo, a un conocido o a alguien que te cae bien, como decirle guachito pero con más ternura todavía. Se usa harto cuando se está leseando, tirando la talla o cuando alguien anda de galán y uno lo molesta con cariño. Es de esas palabras que suenan a abrazo con polera de feria.
En Junín se usa para hablar de esa nostalgia rica que te queda después de una buena juerga, cuando la pasaste brutal y al día siguiente te agarra el bajón bonito. Es como extrañar la noche, la gente y el vacilón, y encima quedarte con ganas de repetir. Duele un poquito, pero también da risa.