Se dice cuando alguien se pone a fantasear a lo grande o a hacerse una película con planes que no tienen pies ni cabeza. También vale para el que presume de cosas que son puro cuento y se las cree. Vamos, construir sueños con humo y luego sorprenderse de que se caigan. Tiene su encanto, pero no paga la renta.
Se usa para hablar de alguien que se monta unas películas tremendas en la cabeza, se ilusiona con planes imposibles y se queda más en la fantasía que en la realidad. Es como vivir soñando despierto y no bajar nunca a tierra. A veces hace gracia, pero también puede acabar en chasco gordo.