Se dice cuando alguien termina aceptando un trato medio chimbo, casi a regañadientes, porque no le queda de otra o porque prefiere evitar un peo más grande. Es como rendirse con estilo y decir: bueno, firmo y ya. Suele sonar a resignación, pero también a humor negro caraqueño.
"Chamo, me tocó firmar el pacto y quedarme cuidando a mi hermanito todo el finde, porque si decía que no, mi mamá me armaba un peo y quedaba peor."