Se dice cuando estás reventado, sin batería y con el cuerpo pidiendo cama a gritos. Es una comparación bien gráfica: como la silla de la fiesta patronal, que se pasa horas aguantando a medio pueblo, entre bailes, brindis y gente que no se quiere ir. Exagerada, sí, pero por eso funciona tan bien.
"Mano, después de subir ese cerro en Moquegua estoy más cansado que silla en fiesta patronal. Me baño y me tiro nomás, ni para cenar me da."