Se dice cuando estás hecho polvo, reventado de cansancio o sin fuerzas, como una lona tirada en el piso después de comerse todo el viento. Vale para después de laburar, entrenar o pegarse un viaje eterno. No es que estés triste, es que el cuerpo te pide cama y silencio. Y sí, suele venir con siesta obligatoria.
"Che, entre el laburo y el fulbito con 40 grados quedé hecho una lona. No me hablen, me tiro en la cama y nos vimos mañana."