Expresión que se usa para describir a alguien que está triste o melancólico, como cuando estás bajoneado después de una buena carnita asada y nada llena el vacío.
Se usa cuando alguien se acurruca todo bajo las cobijas, hecho un ovillo, para no morirse de frío. Muy de mañanas heladas cuando no quieres ni sacar un pie de la cama y prefieres seguir ahí, bien tapado, como tamalito. Es tierna la expresión, aunque también delata la flojera sabrosa.