Estar harto o muy cansado de algo. Es cuando ya no aguantas más una situación.

"Llevo todo el día escuchando sus quejas y ya estoy hasta los huevos, ¡necesito un respiro!"

Se dice cuando estás hartísimo, hasta el límite, de una persona, una situación o una rutina que ya te tiene frito. Es vulgar, sí, pero súper común y muy expresiva. Vale tanto para enfado como para agotamiento mental. Si la sueltas, es que ya no te queda paciencia ni para un café.

"Estoy hasta los huevos de que el jefe me meta horas extra y encima venga con sonrisita, hoy a las seis cierro el portátil y que arda Troya."

Se dice cuando estás hartísimo, saturado y con la paciencia en números rojos por una situación o por alguien. Es bastante vulgar, sí, pero justo por eso suena tan contundente. Vale para el curro, la familia, el tráfico o el típico pesado que no pilla indirectas. Vamos, que ya no te queda ni una.

"Voy a la paella del domingo y cada tía me suelta el sermón de siempre sobre mi soltería. Entre el arroz y los consejos, ya estoy hasta los huevos, tía."

Se dice cuando estás hartísimo, saturado o ya sin paciencia con una situación, una persona o con la vida en general. Es bastante vulgar, sí, pero en Madrid se suelta a gusto cuando todo te supera y te dan ganas de mandar el mundo a paseo. Vamos, que no te queda ni una gota de aguante.

"Entre el curro, el metro petado y el casero dando la brasa, llevo dos días sin parar y ya estoy hasta los huevos, colega. Como me llamen para otra reunión, reviento."

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