Se dice cuando una reunión se vuelve puro vacilón y desorden del bueno: chistes, música, gritos y cero seriedad. No es necesariamente una rumba gigante, puede ser cualquier juntadera que se salió de control y ya nadie está pendiente de portarse formal. Si alguien te dice esto, olvídate del protocolo y fluye.
"Fuimos a “tomarnos una” tranquilos y a la media hora ya estábamos en una guachafita con reguetón a todo volumen y el vecino tocando la puerta bravo."