Se dice cuando alguien está hecho polvo y súper delicado, como si con un soplido se fuera a romper. Puede ser por resaca, por estar enfermo o por andar bajoneado. Es como decir que está frágil, pero con ese toque dramático de barrio. Vamos, que hay que tratarlo con cuidado.
Se dice cuando alguien está hecho polvo, reventado o tan cansado que parece frágil, como si se fuera a romper con mirarlo. Es una forma exagerada y muy gráfica de decir que no te quedan ni fuerzas para quejarte. Vamos, que estás para ponerte en una vitrina y que nadie te toque.