Se dice cuando alguien anda en modo penitencia, como cumpliendo una promesa religiosa o personal. De repente no bebe, no sale, no se desmadra y hasta se porta formal, aunque sea por un rato. Suele soltarse medio en broma, porque todos sabemos que esa racha de santito a veces dura lo que dura la tentación.
Se dice cuando alguien anda embobado por amor y se porta como si estuviera pagando una manda: complaciente, detallista y dispuesto a todo con tal de quedar bien con la pareja. Es ese modo intenso de enamorado que hace favores, aguanta lo que sea y vive diciendo que sí. Un poquito tierno, un poquito peligroso.