Se usa para decir que alguien está de fiesta, chupando y bailando sin parar, como si la noche fuera su hábitat natural. No es solo salir un rato, es entregarse a la joda con ganas, olvidarse de las obligaciones y volver cuando ya canta el gallo. Y hay que admitir que a veces viene bien perderse un poco en la farra.
Se dice cuando sales de fiesta y te tiras la noche en modo jaleo, de bar en bar, con risas, copas y cero intención de recogerte pronto. Es irse de parranda, pero con ese puntito de desmadre que acaba en historias para el grupo de WhatsApp. Vamos, que en casa no te pilla ni el Tato.