Se dice cuando alguien está en su mejor momento: con buena cara, sano, descansado o recuperado, como si nada le afectara. También vale para después de una gripe o una noche dura, cuando sorprendentemente amaneces entero. Es una frase bastante común en todo el mundo hispano, y da un poquito de envidia, la verdad.
Se dice cuando alguien está estupendamente, con buena cara y lleno de energía, como si no le afectara nada. Vale para recuperarse de una gripe, salir de una resaca sin ojeras o simplemente verse radiante. Es bastante común en España y suena a cumplido, aunque a veces se suelta con un puntito de envidia sana.