Se usa para decir que alguien tiembla muchísimo, ya sea de miedo, de frío o de nervios, igual que una hoja cuando la zarandea el viento. Es la típica frase que suelta tu abuela cuando te ve castañeteando los dientes. Es muy gráfica y un pelín dramática, pero oye, por eso mismo tiene su encanto.
Se dice cuando alguien está temblando un montón, ya sea por el frío, por los nervios o por puro canguelo. La imagen es la de una hoja moviéndose sin parar con el viento, toda inestable. Es una forma muy gráfica de decir que estás hecho un flan, y la verdad es que se entiende a la primera.