Se dice cuando estás reventado, sin pilas y con el cuerpo pidiendo cama a gritos. Vamos, que te has quedado hecho polvo después de currar, entrenar o pegarte una paliza de las buenas. La imagen es clara: como un huevo frito, espachurrado y pegado, sin ganas ni de pestañear. Y sí, da hambre, pero tú no puedes ni con eso.
"Entre el curro, el metro petado y la compra, llego a casa y estoy como un huevo frito. Me tiro en el sofá y ya si eso respiro mañana."