Se dice cuando alguien está fresquito y con energía a tope, como nuevo, listo para seguir dándole sin quejarse. Es el típico comentario después de descansar bien, pegarse una ducha o recuperarse de una paliza. En Junín suena bien de calle y sirve para levantar el ánimo con buena vibra.
Se usa cuando alguien está muy bien vestido, arreglado y llamando la atención, sobre todo para una salida especial o una fiesta del pueblo. La idea es que la persona está impecable, lista para lucirse y levantar miradas. Es un piropo bien de barrio, medio picaresco, y hay que admitir que tiene bastante gracia cuando se dice con tono cómplice.