Se dice cuando alguien le da durísimo al aguardiente y va subiendo de nivel en la fiesta, cada trago más prendido que el anterior. Es como pasar de estar tranquilo a volverse el alma de la rumba en cero coma. Muy de parche, de guaro y de terminar cantando a grito herido.
"Anoche Pedro escaló el guaro y a la tercera ya estaba gritando ¡otra, otra!, bailando vallenato y saludando a todo el mundo como si fueran primos."