Se dice cuando alguien se pone a ganarse a los cachacos, o sea, a la gente de Bogotá, echándoles labia, modales finos y chistes para caerles bien o sacarles algo. Es como hacerles la rosca, pero con acento de visita y ganas de quedar como un duque. A veces funciona, a veces da pena ajena.
"Marica, en la fiesta Juan se puso a entrarle a los cachacos con chistes y modales de señor, y ya lo tenían invitado a Bogotá dizque de una."