Se dice cuando te pegás una siesta bien larga y bien calentita, de esas que el frío patagónico te pide a gritos. Te tirás con mil frazadas, apagás el mundo y quedás en modo hibernación total. No es una cabeceadita, es desaparecer un rato como oso en invierno. Una gloria, la verdad.
"Che, con este viento y el asado que me clavé, me echo una siestita patagónica y si me buscan, que sea mañana."