Se dice cuando alguien se mete un trago enorme de golpe, sin pausa y sin saborear, como si fuera un chupito pero en modo bestia. Suele ir con la idea de presumir un poco o de ir con prisa en el bar. No es fino, pero es efectivo, y a veces acaba en valentía líquida.
"Fuimos de tapas por el Húmedo y Pepe, sin respirar, se echó un trago leonés. A los cinco minutos ya estaba dando palmas, pidiendo otra ronda y llamando jefe al camarero."