Se dice cuando alguien suelta una burrada o una obviedad tan grande que parece que se ha dado un golpe él solito, pero con la boca. Es como hacer el ridículo sin querer, por despiste o por no pensar dos segundos. No es maldad, es más bien para vacilar con cariño. Y sí, da risa.
"El Carlos se echó un palazo preguntando si el almuerzo era antes o después de la cena, y en la mesa casi nos atragantamos de la risa."