Se usa para decir que alguien exagera o adorna demasiado lo que cuenta, como si le pusiera harina de más a la masa para inflarla. Es cuando una historia normalita se convierte en telenovela épica porque la persona le mete drama, detalles inventados y un poquito de fantasía gratuita.
Se dice cuando alguien mete mano donde no debe y, en vez de arreglar, empeora el asunto. Es como echarle más leña al fuego, pero con sabor bien de barrio: ya había problema y encima lo agrandan con una idea, comentario o acción torpe. Va perfecto para quejarse con humor cuando todo se está yendo al carajo.