En Extremadura se dice cuando alguien te ayuda o te echa un cable sin ponerse medallas ni pedir nada a cambio. Es como aportar ese empujoncito que te salva el día, igual que la harina en una masa, que parece poca cosa pero lo cambia todo. Suena casero, de pueblo y con cariño.
Se usa cuando alguien está adornando de más una historia, exagerando bien sabroso o de plano metiéndole mentiras sin pudor. Es como si le fuera espolvoreando harina a la anécdota para inflarla y que suene más impresionante de lo que fue. Es muy de banda que le encanta lucirse, aunque todos sepan que está echando puro cuento.