En Panamá se suelta para decir que algo o alguien es un fastidio, pesado o aburridísimo. Vale para una clase eterna, un trámite que no se acaba o esa persona que no para de hablar y te drena la vida. Es como decir qué pereza, pero con más queja y sabor callejero. Y sí, pega duro cuando lo dices con cara de cansancio.
"Manito, esa reunión fue ¡qué plomo! Dos horas hablando de lo mismo y ni cafecito dieron, yo ya estaba viendo el techo y sufriendo."