Se dice cuando alguien se pone a conversar largo y tendido, soltando cuentos, chismes o historias bien sabrosas, a veces con su exageración cariñosa. No es solo hablar, es quedarse pegado en la conversa sin apuro, como cuando se arma la tertulia con café y nadie se quiere parar. Y sí, engancha.
En Bogotá se usa para hablar de pasar el rato conversando con alguien, sin afán, en plan relajado y con buena vibra. Es como sentarse a desahogarse, chismosear un poco, reírse de la vida y filosofar barato. Básicamente, perder la noción del tiempo hablando paja sabrosa, que la verdad es un planazo.