Se dice cuando te metes una comilona de las que te dejan pesado y feliz, como si fueras a hibernar. Es hartarse a comer, pero en modo exagerado y con gusto, normalmente en un coro, en una casa ajena o en un sitio donde la comida está demasiado buena para parar. Peligrosa y deliciosa.
"En casa de mi tía me di una jartura de moro con pollo y tostones que quedé como un saco, ya tú sabes, ni me hablen de postre."