Se dice cuando alguien cambia de opinión, de bando o de actitud de golpe, como quien voltea la arepa en el budare para que no se queme. Puede ser por conveniencia, por presión o porque le dio la gana. Suena muy venezolano y sirve tanto para política como para chismes y vacilón.
Se usa cuando una situación que pintaba fea se arregla de repente, o cuando alguien logra cambiar la suerte a su favor. Es como decir que todo se volteó y ahora le está yendo bien. Muy de tierra costeña, con su toque sabroso, y la verdad es que la imagen de la arepa volteándose no se olvida.