Interjección bien cordobesa, derivada de un insulto, que se usa como comodín para casi todo: sorpresa, bronca, admiración o para llamar a un amigo con cariño medio bruto. El tono lo pone la cara y el contexto. Es re común en la charla diaria, pero ojo, con desconocidos puede sonar pesado.
Clásica expresión santiagueña que se usa para casi todo, pero sobre todo para llamar a alguien con confianza, como decir amigo, loco o compadre. También sirve para marcar sorpresa, enojo o admiración según el tono. Es medio grosera, sí, pero en Santiago la tiran cada dos frases y hasta suena cariñosa, lo cual tiene su encanto raro.