Se usa cuando algo está carísimo, tan caro que parece que tienes que pagar con un ojo, un riñón y hasta el alma. Es la queja clásica cuando ves el precio y te da mini infarto. Sirve para todo, desde la renta hasta las chelas del antro fresa. Y la neta, a veces sí se pasan de lanza.
Se usa para quejarse de que algo está carísimo, tan caro que parece que tuvieras que pagar con un ojo de la cara de lo exagerado que es. Es la típica frase cuando ves un precio absurdo y te provoca salir corriendo. Es coloquial, muy gráfica y, la verdad, bastante dramática, pero por eso mismo tiene su encanto.