En Guerrero se usa para decir que hay que trabajar duro, meterle ganas y aguantar la friega aunque todo esté medio jodido. Es como decir que toca partirse el lomo, a veces sin mucha recompensa, pero ni modo, hay que chingarle. Suena rudo, pero también tiene ese toque de orgullo chambeador.
En Coahuila y en buen norteño, chingarle es ponerse a trabajar en serio, echarle ganas y no rajarse hasta que salga. Es como decirle a alguien: deja el cuento y dale duro. Suena medio brusco porque viene de chingar, pero aquí suele ir más de empuje que de insulto.
En la CDMX se usa para decir que alguien va a trabajar duro, echarle ganas o ponerse las pilas con algo, casi siempre en plan informal. Puede ser chingarle en la chamba, en la escuela o en cualquier proyecto que traigas atorado. Es medio grosera, pero tan común que ya hasta suena cariñosa cuando la dices entre cuates.