Se dice del turista que cae a Acapulco desde la CDMX, listo para la selfie, la michelada y el solazo que no perdona. Suele traer el look de ciudad, se quema en tiempo récord y pregunta dónde está “la playita buena”. No es insulto mortal, más bien carrilla costeña con cariño.
"Ahí viene otro chilango en la playa, rojo como camarón, con su bocina a todo volumen y preguntando si el mar cierra temprano, no manches."