En Nicaragua se usa para hablar de un niño travieso, inquieto, que siempre anda inventando diabluras y metiéndose en líos pequeños pero constantes. No es mala onda, más bien es ese crío que no se está quieto nunca y te tiene con el corazón en la boca. Y hay que admitir que a veces sus ocurrencias dan bastante risa.
En Nicaragua se usa para hablar de un chavalo, o sea, un niño o adolescente. Suele llevar un toque de cariño o de regaño, según el tono, como cuando el cipote anda inquieto, haciendo travesuras o metido en sus loqueras. No es insulto, pero sí bien de barrio y bien directo.