En Nicaragua chapalear es ponerse a hablar como lora, sin parar, diciendo mil cosas pero casi nada importante. Es ese bla bla bla eterno, con manos volando por todos lados y cara de novela. Se usa cuando alguien se enreda contando algo y no va al punto. Y hay que admitir que a veces hasta entretiene.
En Nayarit chapalear es irse de fiesta con todo, sin miedo al ridículo y sudando la gota gorda en la pista. Es moverse tanto que parece que estás nadando entre charcos de sudor y cerveza, como si la noche fuera la última del universo. Y la neta, cuando se arma bien, hasta dan ganas de chapalearle también.