Es masticar hojas de coca, una costumbre bien andina y muy típica en Ayacucho. Se hace para aguantar el frío, el soroche y las caminatas largas, o para tener un empujoncito de energía en la chamba. No es “drogarse”, es más bien un ritual cotidiano que te acompaña en el día a día.
"Pata, subiendo al cerro me puse a chacchar coca y ya no me dio soroche, seguí como si nada mientras los demás estaban pidiendo aire."