En el Cesar se usa caraota para señalar a la persona que siempre está llorando por plata, quejándose de que todo está caro, así sea baratísimo. Es ese amigo que convierte cualquier vuelta en drama económico y uno ya ni sabe si reírse o cobrarle entrada. La palabra suena tierna, pero el sablazo va con cariño costeño.
En Venezuela se le dice caraota al frijol negro, base de un montón de platos caseros: pabellón criollo, arepas rellenas, empanadas y lo que se te ocurra. Es de esas comidas que huelen a casa de la abuela y a olla hirviendo a fuego lento, y la verdad es que cuando están bien hechas son puro amor comestible.
En Caracas se usa para hablar de alguien súper chismoso, que vive pendiente de la vida ajena y siempre anda soltando cuentos por ahí. Es como el noticiero del barrio, pero versión boquita floja. Aunque literalmente caraota es frijol, cuando se usa así es puro salseo y la verdad es que suena bien sabroso.