En Paraguay se le dice así a esos colectivos o buses viejitos, medio destartalados, que crujen, vibran y parecen a punto de desarmarse en cada bache. No son precisamente de lujo, pero cumplen y te llevan igual. Es una palabra con cariño y resignación, de esas que te sacan una risa mientras te agarrás del pasamanos.
"Subite nomás al cachilito, che, que hoy viene re lleno y hace un ruido que asusta, pero igual nos deja cerquita del asado antes de que se enfríe."