Se dice cuando alguien hace un drama enorme o arma un escándalo por una tontería, como si estuviera actuando en una obra y quisiera aplausos. Es el típico momento de exagerar, llorar, gritar o reclamar de más para llamar la atención. Muy de: bájale dos rayitas, que no es para tanto.
"Aguas con Lupita: se le cayó el helado y ya la anda armando de teatro en la plaza, llorando y reclamando como si le hubieran robado la quincena."