Verbo inventado con toda la mala leche útil del mundo: cuando tienes la casa hecha un cristo y, en vez de ordenar de verdad, lo metes todo a presión en armarios, cajones o donde quepa, para que parezca que aquí no ha pasado nada. Es el truco clásico antes de que lleguen visitas. Funciona, pero luego lo pagas.
"Tía, en diez minutos llegan y el salón es un desastre. Voy a armariar todo en el ropero y que parezca que vivimos como personas normales."